Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente Observatorio de salud y cambio climático


Enfermedades de transmisión hídrica y alimentaria.

En Europa es probable que el cambio climático afecte a la cantidad de agua y por consiguiente a su calidad, aumentando el riesgo de contaminación. Los extremos en las precipitaciones por defecto y por exceso podrían intensificar la carga microbiológica y contaminación química del agua, suponiendo una mayor carga de enfermedades de transmisión hídrica.

El efecto de las altas temperaturas del agua puede favorecer la proliferación de cianobacterias particularmente en embalses y lagos, pudiendo ocurrir también en aguas marinas.  Las cianobacterias pueden constituir un riesgo para la salud pública por su capacidad tóxica, al sintetizar toxinas que producen hepatotoxicidad, neurotoxicidad y dermatoxicidad para el ser humano.

Los cambios en las condiciones térmicas de las aguas marinas, que se vuelven más cálidas, pueden contribuir a la ocurrencia de desequilibrios ecológicos, al aumento de la presencia de medusas y cianobacterias y al incremento de los casos de toxinfección alimentaria por marisco y peces de arrecife, además de su expansión geográfica. Algunas enfermedades, como la vibriosis transmitida por el consumo de moluscos, puede verse afectada por el aumento de la temperatura superficial del agua en relación con el cambio climático y los cambios de la salinidad. Brotes de Vibrio parahemolíticus se han relacionado con el incremento de la temperatura del agua (McLaughlin et al. 2005). En fechas recientes se han dado casos en las costas gallegas, zonas donde no se habían producido antes (Martínez-Urtaza et al. 2008).

Los cambios en las temperaturas y en la calidad del agua pueden afectar la calidad de la producción agrícola y aumentar el riesgo de enfermedades de transmisión alimentaria.  La seguridad alimentaria puede verse afectada por el cambio climático de diferentes maneras: por la influencia del clima en la productividad agrícola y por lo tanto en el abastecimiento de alimentos de las poblaciones (sequías, salinización de los suelos, destrucción de los cultivos por fenómenos climáticos extremos, alteración de la logística de abastecimiento, incremento de plagas…), o por favorecerse la contaminación por virus, bacterias, hongos o tóxicos químicos.

En contextos donde la alimentación de la población ya constituye un problema hoy, los efectos del cambio climático pueden agravar la malnutrición de la población, especialmente de los grupos más vulnerables.

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